La Virgen fue bendita entre todas las mujeres porque estuvo a cubierto del pecado y de las huellas que el mal deja en el alma: «sólo Ella conjuró la maldición, trajo la bendición y abrió la puerta del paraíso. Por este motivo le va el nombre de María, que significa Estrella del mar; como la estrella del mar orienta a puerto a los navegantes, María dirige a los cristianos a la gloria» (SANTO TOMAS, Sobre el Avemaría, en Escritos de catequesis, p. 182). Así la honra también la Liturgia de la Iglesia: Ave, maris stella!... ¡Salve, estrella del mar!, Madre de Dios excelsa... (Himno Ave, maris stella).
En este en que queremos honrar a Nuestra Madre del Cielo, hacemos el propósito firme, ¡tan grato a Ella!, de recurrir a su intercesión en cualquier necesidad en que nos encontremos, siguiendo el consejo de un Padre de la Iglesia: «Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación, mira a la estrella, llama a María. Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María. Si turbado con la memoria de tus pecados, confuso ante la fealdad de tu conciencia, temeroso ante la idea del juicio, comienzas a hundirte en la sima sin fondo de la tristeza o en el abismo de la desesperación, piensa en María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara» (SAN BERNARDO, Homilías sobre la Virgen Madre, 2). Bajo su amparo ponemos todos los días de nuestra vida. Ella nos guiará a través de un camino seguro. Cor Mariae dulcissimum iter para tutum.
AVE, MARIS STELLA
Salve, Estrella del mar,
Madre de Dios excelsa,
y siempre intacta Virgen,
del cielo feliz puerta.
Aquel Ave tomando
que de Gabriel oyeras,
en paz nos establece,
mudando el nombre de Eva.
Desata los pecados,
alumbra mentes ciegas,
aleja nuestros males,
todo bien nos impetra.
Muéstranos que eres Madre,
por ti las preces nuestras
reciba el que, naciendo,
por Madre te eligiera.
Virgen singularísima,
entre todas benévola,
libres de culpas, danos
mansedumbre y pureza.
Danos vida sin mancha,
haz segura la senda,
para que, viendo a tu Hijo,
gocemos dicha eterna.
A Dios Padre la gloria,
a Cristo honra suprema,
y al Paráclito santo
igual la gloria sea.
Amén.
(lectura tomada de: http://www.mariologia.org/devocionesnovenasalainmaculada01.htmNovena a la Inmaculada del Padre Francisco Fernández Carvajal)