DIA 10 (17 de noviembre)

La alegría verdadera llega al mundo con María


Oh Dios, que, por la encarnación de tu Hijo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, a los que veneramos a su Madre, causa de nuestra alegría, permanecer siempre en el camino de tus mandamientos, para que nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría (MISAS DE LA VIRGEN MARIA, II. Misa de Santa María, Causa de nuestra alegría. Oración colecta).

En Dios está la alegría verdadera, y lo que nos llega de Él viene siempre con este gozo. Cuando Dios hizo el mundo de la nada, todo fue una fiesta, y de modo particular cuando creó el hombre a imagen y semejanza suya. Hay un gozo contenido en la expresión con que concluye el relato de la creación: Y vio Dios que era muy bueno cuanto había hecho (Gen 1, 31). Nuestros primeros padres gozaban de cuanto existía y exultaban en amor, alabanza y gratitud a Dios. No conocían la tristeza.

Pero llegó el primer pecado, y con él algo perturbador cayó sobre el corazón humano. La pesadumbre vino a sustituir en el hombre a la clara y luminosa alegría, y la tristeza se infiltró en lo más íntimo de las cosas. Con la Concepción Inmaculada de María vino al mundo, silenciosamente, el primer destello de alegría auténtica. Su nacimiento fue de inmenso gozo para la Trinidad Beatísima, que miraba complacida al mundo porque en él estaba María. Y con el fiat de Nuestra Señora, por el que dio su asentimiento a los planes divinos de la redención, llenó su corazón más plenamente de la alegría de Dios, y ese gozo, que tiene su origen en la Santísima Trinidad, se ha desbordado a la humanidad entera. Cuando Dios «quiere trabajar un alma, elevarla a lo más alto de su amor, la instala primeramente en su alegría» (M. D. PHILIPPE, Misterio de María, p. 134). Esto lo hizo con la Virgen Santísima; y la plenitud de este gozo es doble: en primer lugar porque está llena de gracia, llena de Dios, como ninguna otra criatura lo ha estado ni lo llegará a estar; en segundo lugar, porque desde el momento de su asentimiento a la embajada del Angel, el Hijo de Dios ha tomado carne en sus purísimas entrañas: con Él llegó toda la alegría verdadera a los hombres. El anuncio de su nacimiento en Belén se llevará a cabo con estas significativas palabras: No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido en la ciudad de David el Salvador, que es el Cristo, el Señor (Lc 2, 10-11). Cristo es el gran contento, que barre las tristezas del corazón; Nuestra Señora fue la Causa de nuestra alegría verdadera, porque con su asentimiento nos dio a Cristo, y actualmente, cada día, nos lleva a Él y nos lo vuelve a entregar. El camino de la vida interior conduce a Jesús a través de María. La alegría -no podemos olvidarlo jamás- es estar con Jesús, aunque nos rodeen por todas partes dolores y contradicciones; la única tristeza sería no tenerle. «Esta experiencia viva de Cristo y de nuestra unidad es el lugar de la esperanza y es, por tanto, fuente de gusto por la vida; y de este modo, hace posible la alegría; una alegría que no se ve obligada a olvidar o a censurar nada para tener consistencia» (L. GIUSSANI, La utopía y la presencia, en Revista 30 DIAS, VIII-IX/1990, p. 9.).
(lectura tomada de: http://www.mariologia.org/devocionesnovenasalainmaculada01.htmNovena a la Inmaculada del Padre Francisco Fernández Carvajal)


canción para hoy: Angelus